Domingo, 05 de Septiembre de 2010
TRAJES TÍPICOS PASIEGOS
Trajes típicos
La vestimenta cántabra es muy variada según las diferentes comarcas a las que se haga mención. El traje pasiego es el más representativo y el mejor documentado dentro de Cantabria e incluso dentro de España,
debido en gran parte a que los habitantes del Pas se dedicaron a darlo a conocer por todo el país, bien a través de los inquietos comerciantes, bien por medio de las famosas amas de cría.
En el Valle del Pas y en las cabeceras pasiegas destacan las vestimentas porque son ricas en adornos y complementos. Son trajes que nos llegan del siglo XIX, aunque puedan guardar algún elemento de épocas anteriores como capillos o monteras que se usaban desde la Edad Media o, del mundo prerromano, las corizas o las típicas albarcas realizadas en madera. De este modo, el traje de la mujer pasiega se enriquece y llega a ser uno de los más suntuosos de la región.
No se puede pretender hacer un prototipo de traje pasiego, como mucho se podrían describir algunos elementos que han permanecido, más o menos inalterables, en la forma de vestir de la comarca pasiega.
La mujer utilizaba el mismo calzado que el hombre, medias de color azul intenso, que también podían ser de color blanco o rojo, cubiertas con escarpines de bayeta amarilla y chátaras de piel curada. Lucían camisa de cabezón, que se plegaba bajo el corpiño. Éste era de color negro de borde rojo o escarlata, entonando con la saya y el delantal, solían llevar una especie de peto de vivos colores que era llamado pecherín.
La chaqueta era de veludillo o paño de color negro, con adornos en los puños de las mangas y en todo el ruedo de la prenda, era una chaqueta corta no pasaba de la cintura, sin cuello, abierta por delante para lucir la pechera. La saya era también corta plegada a la cintura y casi no bajaba de la pantorrilla. Estaban hechas de paño o estameña con un ribeteo sencillo.
El delantal era una pieza fundamental en todos sus trajes. Existía un dicho en la comarca “pasiega sin delantal parece mal”, sobre todo entre las mujeres que se dedicaban al comercio ambulante. Eran de gran tamaño, con grandes bolsillos o faltriqueras, y cubrían casi por completo toda la saya.
Recogían sus cabellos en trenzas que convertían en moños a la hora de cargar el cuévano, y solían llevar pañuelo en la cabeza, de seda o de algodón según las posibilidades de cada una, eran de vivos colores o de tonos oscuros, dependiendo de la edad o del gusto. Lo lucían formando una especie de cofia, ceñido alrededor de forma que el centro quedaba al descubierto, cayendo el pelo trenzado por la espalda.
Para ir a la iglesia se cubrían la cabeza con el capillo, que era de lana blanca y bruneta, o de paño negro. Esta prenda les llegaba hasta las rodillas, aunque se duda que fuera un elemento original de esta zona, sino más bien pudiera ser una copia de una prenda utilizada en las tierras del norte de Burgos.
Como prenda de abrigo utilizaba en el invierno la capirucha, de color claro, que recuerda a las capas usadas por las damas castellanas en la Edad Media.
Además de lo más típico del traje, en las ocasiones importantes, la pasiega usaba otros complementos, las gustaba lucir alhajas, así destacaron los corales que colgaban en sus orejas y en su garganta, también lucieron dobles y triples vueltas de vidrios azules y rojos con gruesas cadenas que van desde los hombros a la cintura, lo que da gran vistosidad y riqueza al conjunto del traje.
Este tipo de traje fue el que se impuso como uniforme de las amas de cría tanto en la corte, como en las distintas casas donde llegaron a criar y muchos fueron los costumbristas de la época, que dejaron escritos sobre la belleza de los mismos, destacamos las letras de un cronista presente en la Jura como Heredera de la Corona de la princesa Isabel, que contaba con tres años de edad y a la que acompañaba en este acto su ama de cría, dice así: ”... contrastaba singularmente con tan magníficas galas la gentil saya montañesa de la Ama de Su Alteza”, otro testigo de excepción Mesonero Romanos escribiría “... llamaba la atención por sus pintorescas y ricas sayas el Ama de Lactancia que había criado a la princesa”.

El hombre pasiego vestía camisa de lienzo con cuello largo y sin traspasar, abrochado con botones de plata, calzón de bragueta, oscura pana lisa para la chaqueta y bragas. Asimismo lleva también dos chalecos, el interior de color blanco, mientras que el exterior porta una botonadura de plata. Ceñidor dando vueltas a la cintura, medias de algodón azules o blancas, sobre las que viste escarpines de color claro y chátaras de cuero sin curtir, a veces también utilizan albarcas de madera. En la cabeza, solían llevar los pasiegos un pañuelo de seda anudado atrás como una venda, o a la manera de turbante. También solían lucir monteras cónicas con vueltas de terciopelo gruesas borlas de seda, plumas y flores.
Durante el invierno usaban, como las mujeres, barajones, una especie de tabla triangular sujeta a la planta del pie con correas, utilizados a modo de esquís que les permitían andar sobre la nieve, de la que también se resguardaban con unas capas de sayal blanquecino.
En actos solemnes, sobre todo religiosos, en los entierros o durante los días que duraba la Pascua, solían utilizar una capa con capucha de negro buriel, sólo utilizada en estas ocasiones por no ser nada cómoda para el tipo de vida que lleva el pasiego, de cabaña en cabaña.

EL PALANCU
EL PALANCU
Hay dos complementos muy característicos en los trajes de los pasiegos, en el caso de los hombre es el llamado Palancu, un palo de avellano de algo más de dos metros que le servía tanto para defensa, como para saltar los obstáculos que se encontraba en sus agrestes caminos. Hoy en día, su utilización queda reducida a poco más que una exhibición, y en el mejor de los casos a una competición de saltos, que se lleva a cabo en varias fiestas de la región, y como no, en la Nuestra Señora de Valvanuz, el 15 de agosto. Este artilugio también era conocido con el nombre de vela o palu, y hablamos ampliamente de él en la sección del Salto Pasiego.

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