debido en gran parte a que los
habitantes del Pas se dedicaron a darlo a conocer por todo el país,
bien a través de los inquietos comerciantes, bien por medio de
las famosas amas de cría.
En el Valle del Pas y en las cabeceras pasiegas destacan las vestimentas
porque son ricas en adornos y complementos. Son trajes que nos llegan
del siglo XIX, aunque puedan guardar algún elemento de épocas
anteriores como capillos o monteras que se usaban desde la Edad Media
o, del mundo prerromano, las corizas o las típicas albarcas realizadas
en madera. De este modo, el traje de la mujer pasiega se enriquece y llega
a ser uno de los más suntuosos de la región.
No se puede pretender hacer un prototipo de traje pasiego, como mucho
se podrían describir algunos elementos que han permanecido, más
o menos inalterables, en la forma de vestir de la comarca pasiega.
La mujer utilizaba el mismo calzado que el hombre, medias de color azul
intenso, que también podían ser de color blanco o rojo,
cubiertas con escarpines de bayeta amarilla y chátaras de piel
curada. Lucían camisa de cabezón, que se plegaba bajo el
corpiño. Éste era de color negro de borde rojo o escarlata,
entonando con la saya y el delantal, solían llevar una especie
de peto de vivos colores que era llamado pecherín.
La chaqueta era de veludillo o paño de color negro, con adornos
en los puños de las mangas y en todo el ruedo de la prenda, era
una chaqueta corta no pasaba de la cintura, sin cuello, abierta por delante
para lucir la pechera. La saya era también corta plegada a la cintura
y casi no bajaba de la pantorrilla. Estaban hechas de paño o estameña
con un ribeteo sencillo.
El delantal era una pieza fundamental en todos sus trajes. Existía
un dicho en la comarca “pasiega sin delantal parece mal”,
sobre todo entre las mujeres que se dedicaban al comercio ambulante. Eran
de gran tamaño, con grandes bolsillos o faltriqueras, y cubrían
casi por completo toda la saya.
Recogían sus cabellos en trenzas que convertían en moños
a la hora de cargar el cuévano, y solían llevar pañuelo
en la cabeza, de seda o de algodón según las posibilidades
de cada una, eran de vivos colores o de tonos oscuros, dependiendo de
la edad o del gusto. Lo lucían formando una especie de cofia, ceñido
alrededor de forma que el centro quedaba al descubierto, cayendo el pelo
trenzado por la espalda.
Para ir a la iglesia se cubrían la cabeza con el capillo, que era
de lana blanca y bruneta, o de paño negro. Esta prenda les llegaba
hasta las rodillas, aunque se duda que fuera un elemento original de esta
zona, sino más bien pudiera ser una copia de una prenda utilizada
en las tierras del norte de Burgos.
Como prenda de abrigo utilizaba en el invierno la capirucha, de color
claro, que recuerda a las capas usadas por las damas castellanas en la
Edad Media.
Además de lo más típico del traje, en las ocasiones
importantes, la pasiega usaba otros complementos, las gustaba lucir alhajas,
así destacaron los corales que colgaban en sus orejas y en su garganta,
también lucieron dobles y triples vueltas de vidrios azules y rojos
con gruesas cadenas que van desde los hombros a la cintura, lo que da
gran vistosidad y riqueza al conjunto del traje.
Este tipo de traje fue el que se impuso como uniforme de las amas de cría
tanto en la corte, como en las distintas casas donde llegaron a criar
y muchos fueron los costumbristas de la época, que dejaron escritos
sobre la belleza de los mismos, destacamos las letras de un cronista presente
en la Jura como Heredera de la Corona de la princesa Isabel, que contaba
con tres años de edad y a la que acompañaba en este acto
su ama de cría, dice así: ”... contrastaba singularmente
con tan magníficas galas la gentil saya montañesa de la
Ama de Su Alteza”, otro testigo de excepción Mesonero Romanos
escribiría “... llamaba la atención por sus pintorescas
y ricas sayas el Ama de Lactancia que había criado a la princesa”.
El hombre pasiego vestía camisa
de lienzo con cuello largo y sin traspasar, abrochado con botones de plata,
calzón de bragueta, oscura pana lisa para la chaqueta y bragas.
Asimismo lleva también dos chalecos, el interior de color blanco,
mientras que el exterior porta una botonadura de plata. Ceñidor
dando vueltas a la cintura, medias de algodón azules o blancas,
sobre las que viste escarpines de color claro y chátaras de cuero
sin curtir, a veces también utilizan albarcas de madera. En la
cabeza, solían llevar los pasiegos un pañuelo de seda anudado
atrás como una venda, o a la manera de turbante. También
solían lucir monteras cónicas con vueltas de terciopelo
gruesas borlas de seda, plumas y flores.
Durante el invierno usaban, como las mujeres, barajones, una especie de
tabla triangular sujeta a la planta del pie con correas, utilizados a
modo de esquís que les permitían andar sobre la nieve, de
la que también se resguardaban con unas capas de sayal blanquecino.
En actos solemnes, sobre todo religiosos, en los entierros o durante los
días que duraba la Pascua, solían utilizar una capa con
capucha de negro buriel, sólo utilizada en estas ocasiones por
no ser nada cómoda para el tipo de vida que lleva el pasiego, de
cabaña en cabaña.
|