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LITERATURA |
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1. SELAYA. SU CULTURA Y
SU ENTORNO EN LA LITERATURA |
Muchos son los autores que se
han dedicado a relatarnos y darnos a conocer las costumbres, los paisajes
o las gentes que pueblan esta tierra de Selaya. Sin suda el paisaje y
el sosiego debía crear mella en el genio de aquellos artistas que
pasaron algún día por estas tierras. Así son muchas
las referencias que nos encontramos, reproduciendo algunas de ellas e
intentando hacerlas llegar a la gente a través de este modesto
apunte recordatorio. |
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2. SOBRE PERSONAJES DE
SELAYA |
José Mª de Cossío
en " El Libro De Rutas Literarias De La Montaña”.
Dedica uno de los apartados a hablar de Alonso de Selaya, trovador del siglo
XVI, del que reproduce alguno de sus escritos, como el que dedica a un criado
suyo que le robó la capa:
Un responso de tristura
un búho te cantará,
la corneja allí estará
para decir la oración
la lechuza con razón
dará dos mil alaridos
perros dando mil aullidos
vernan allí con presura,
y sobre tu sepultura
yo quiero este escripto que haya:
Aquí yase en esta raya
el mayor ladrón de España,
el cual con su sotil maña
hurtó su capa a Salaya.
José Javier Crespo del Pozo
en "Valvanuz. Pequeñas Historias de una Gran Devoción”.
Santander, 1991
También nos habla don José Mª de Cossío, de
otro ilustre personaje, el alférez Gabriel de Castañeda,
que llegó a entablar amistad con Miguel de Cervantes durante su
cautiverio en Argel. De esta historia nos cuenta José Javier Crespo
su pequeña e ingeniosa versión:
“Esta es la pequeña
historia de esa amistad que surgió entre dos grandes hombres: el
ilustre Miguel de Cervantes -aunque él nunca fuera consciente de
su paso a la posteridad- y el Alférez Miguel de Castañeda,
soldado de aquel Ejército que combatía para el imperio en
el que nunca se ponía el sol.
La llegada de ambos a Argel fue
en un tumulto de insultos, golpes y salivazos, debidos a la muchedumbre
de mendigos y parias que circulaban por el puerto turco.
Castañeda, natural de Selaya,
llevaba ya preso un mes en aquella inmunda letrina cuando llevaron al
manco, como fue bautizado por el resto de los cautivos Cervantes.
Pronto vieron que el indómito
cántabro y el lisiado pertenecían al mismo grupo de gente,
es decir, eran capaces de estar maquinando siempre la fuga.
Y a fe que lo intentaron varias
veces, pero siempre eran atrapados porque Argel estaba muy, muy lejos
de tierra española y porque por desgracia los traidores espías
abundaban en aquellas cloacas salpicadas de un calor denso, asfixiante,
que desesperaba y hacía temblar al más recio de los hombres”.
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Lope de Vega
Tampoco pudo él resistirse a dedicar a Selaya unas palabras de su
increíble arte. Por algo era apodado “el inmortal pasiego”: |
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Hace un mayo, que jamás
se vio tan notable mayo
desde el nevado Moncayo
hasta los montes de Pas.
Vente conmigo a Selaya,
pasaráslo menos mal,
que en aquel pobre rincón
aunque agradable aspereza
nos sustenta la nobleza
como acá la ostentación.
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3. SOBRE EL SALTO PASIEGO
Y EL PALANCU |
Amós de Escalante
Bajo el seudónimo de Juan García, escribió sobre el
salto que dio cierto día un pasiego y que ha pasado a la leyenda.
“Al comedio de la hoz, se embalsa el río Besaya en un
remanso de insondable fondo, sobre el cual, de roca a roca y estribando
en ligeros caballetes de madera, tiende su atrevido compás un rústico
puente. A puente y pozo los llaman “del salto”, porque hay
fama de cierto pasiego que antes de haber puente salvó de un tranco
gigantesco y vertiginoso paso, sin más impulso que el de sus acerados
jarretes, no otro apoyo que el de su descomunal palanco”.
Sobre el salto pasiego o sobre el palanco nos han
quedado multitud de coplillas populares como:
Olvidaste el palu
Junto a Carriedo,
Ya perdiste la fama
De buen pasiego.
No me vengas a roldar
Ni preguntis si te quieru:
Qu’el que le quitan el palu
Nada tiene de pasiego.
Maestro Caballero
En la Zarzuela “El Salto Pasiego”, de Luis Eguilaz y Manuel
Fernández Caballero (1881), estrenada con gran éxito en
Madrid y Sudamérica.
Todos los mozos del valle del
Pas
Llevan un palo para saltar.
Saltan p’a lante Salten p’a tras
Con mucha fuerza y agilidad
Con mucha fuerza y agilidad,
Todos los mozos del Valle del Pas.
Antolín Esperón
En el año 1848 publicó un artículo en el “Semanario
Pintoresco Español” que tenía por protagonistas a
los pasiegos, así los describía con sus palancus:
“se distinguen a tiro de
cañón por su palo enorme, especie de varal gigantesco, parecido
al árbol de San Cristóbal. El pasiego y el palo son dos
elementos necesarios para una misma existencia; [...] un pasiego sin palo
sería como un cómico español sin apuntador, un ministro
sin periódico semioficial y sin mayoría parlamentaria. El
palo es pues, el alma del pasiego, [...] En sus manos es un arma ofensiva
y defensiva, es palanca, es báculo, es remo, es escudo. Aquí
le sirve para rechazar los golpes de cualquier arma blanca, y hasta de
cuantas piedras se le arrojen; allí para saltar con una firmeza
y rapidez sorprendentes, un muro, una tapia, un barranco, un río
o cualquier obstáculo que se oponga a sus viajes o excursiones;
en esta cualidad deja muy atrás a las cabras y a los gimnásticos
y saltimbanquis más ligeros. [...] el palo del pasiego es la vara
mágica o el misterioso talismán con que hacen mil maravillas.”
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