Martes, 07 de Septiembre de 2010
FIESTAS DE SELAYA
En Selaya se celebran tradicionalmente las fiestas de San Juan el 24 de junio, San Roque el 16 de agosto y Nuestra Señora de septiembre el día 8. Recientemente se han comenzado a celebrar otras como la fiesta de los casados o la batalla del sobao, celebradas ambas a comienzos del mes de agosto. En los distintos barrios se celebran otras fiestas como Nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto en Pisueña, o el día 24 de ese mismo mes, una romería campestre junto a la ermita de San Bartolomé en honor a este santo.
Pero si hay que destacar una fiesta en Selaya será la de Nuestra Señora de Valvanuz el día 15 de agosto, por la gran devoción que despierta en toda la comarca, por su tradición y por los miles de visitantes que cada año recibe. Su importancia es tal que fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. El Santuario de Nuestra Señora de Valvanuz se encuentra a los pies de una ladera junto a un pequeño bosque de robles y avellanos, que en la actualidad se ha convertido en parque-merendero.
Virgen de Valvanuz
Fuente
Cuenta la leyenda que en tiempos muy remotos, antes de las “razzias” costeras de los piratas normandos, tres jinetes que venían de muy lejos, de la Castilla visigótica, escogieron un árbol que se encontraba en una pradería y bajo él enterraron algo que traían envuelto, después se marcharon.
En ese lugar enterrada permaneció la Virgen hasta que un día se apareció ante un pastor en este bosque rodeada de ángeles, y le expresó su deseo de que la edificaran una iglesia para su devoción, el pastor la pidió que le señalara el lugar, entonces la Virgen pisó sobre una roca caliza por donde comenzaron a brotar aguas que nunca se agotan, dejando allí su huella, y su deseo de no abandonar aquella pradera donde llevaba oculta tanto tiempo.
Transmitió el pastor el deseo de la Virgen a los vecinos de Selaya que comenzaron con la obra, pero no en el lugar señalado por la Virgen, ya que al párroco del pueblo no le agradaba especialmente el paraje por estar muy alejado. De esta forma, convencidos por el cura, trataron de edificar en el pueblo una ermita, pero los materiales que construían por el día eran trasladados por la noche al lugar de la aparición una y otra vez. Parece ser que era la propia Virgen, la que conducía una carreta de bueyes y, ayudada por dos ángeles, trasladaba las piedras hasta el sitio elegido. Finalmente, se hizo su voluntad y se levantó una primitiva ermita en su honor en el lugar donde hoy se encuentra el santuario.
Esta ermita era muy pequeña, apenas ocupaba lo que hoy es el presbiterio, hasta la actual reja, después se amplió considerablemente cuando pasó a ser, como indican sus escudos, de Patronato Real.
Escudo del Santuario
En el año 1800 el santuario sufrió un terrible incendio que quemó un retablo barroco del altar mayor, que se había fabricado en Cádiz en 1756. No se sabe como era, solamente queda un grabado antiguo con la Virgen en un retablo que lleva la siguiente inscripción: “V.R. (verdadero retrato) de la Imagen de María Santísima de Valvanuz, como se venera en el lugar de Selaya y Valle de Carriedo, Obispado de Santander. El Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fray Tomás del Valle, Obispo de Cádiz y Tarifa concede cuarenta días de indulgencia a quien rezare una salve delante de esta Santa Imagen”.
Hay autores que opinan que lo que fue hecho en Cádiz, en realidad fue este grabado y no el retablo, ya que hay varios grabados del mismo estilo y época que presentan diversas Vírgenes en retablos, y ninguno coincide con el verdadero.
La tradición de reunirse en este Santuario de Nuestra Señora de Valvanuz el día 15 de agosto viene de hace siglos. Muchos han sido los autores que nos han relatado como transcurría este día, entre ellos S. Córdova, que acudió a esta romería en 1881, cuando contaba con 12 años, y hace una descripción que nos puede dar una idea de cómo transcurría el día allí:

“Hacia las diez llegaban desde muy lejos los fieles romeros en carros, en caballerías y a pie. Los pasiegos acudían con la “vela”, es decir, un palo cilíndrico de dos metros de altura, que les servía de tercera pierna, y con él caminaban derechos, subiendo y bajando montes, saltando arroyos, barrancos, bardales y paredes con agilidad increíble. Traían pantalones de pana, camisolas casi escondidas en sus dos chalecos, y lucían en el chaleco exterior arabescos y colgantes. Rodeaban la cabeza con un pañuelo de color, a modo de turbante, o se tocaban con monteras casi asturianas o con sombreros que lucían plumas o flores, y calzaban chátaras o borceguíes. Muchos vestían pana oscura con adornos, chaqueta corta, calzón corto con franja, botones y “hierros” a los lados, ceñidor o faja, sandalias, un pañuelo ceñido a la cabeza o la gorra de pelo o la montera cónica guarnecida de alas de terciopelo o adornada con gruesas borlas de seda, singulares alpargatas terminadas en pico y el imprescindible palo de avellano.
Pronto llegaban también las pasiegas, algunas con trajes y adornos lindos, que compraron con sus ganancias de nodrizas en la corte de Madrid, y las demás con lindos cuévanos y canastos, magníficamente limpios, donde portaban al niño propio o al ofrecido, entre ropas blanquísimas y colchas de color, que a veces terminaban con flecos. Venían zagalejos rojos, las camisas blancas, los gregorillos de oro y púrpura, esmaltando las escarpadas sierras y senderos o las fértiles praderillas del valle. Sus vestidos de vuelo caían en clásicos pliegues al airoso movimiento del andar. Lucían collares y ajorcas sobre la piel jugosa, fresca como el fruto de las pomaradas.
Al entrar al templo para la misa mayor, los pasiegos dejaban sus palos apoyados en las paredes del atrio, y era de ver como, al salir, los iban cogiendo sin titubear ni confundirse, aunque pasaban de ciento. Los hombres cantaban en el coro al unísono alguna misa popular montañesa. Terminada la misa, salía la procesión por la pradera, a la que asistían las pasiegas con sus cuévanos y cantaban himnos propios, terminando con la Salve popular”.

En la actualidad, como en el pasado, el día de Valvanuz comienza muy temprano en “la pradera”, donde miles de personas se reúnen venidas desde todos los puntos de la región. En el mes de Junio del año 1947, en una numerosa concentración mariana, fue proclamada Patrona del Valle de Carriedo. Pero es más que eso, ya que popularmente es considerada como la Patrona de los Pasiegos, por eso el día de su fiesta no faltarán los vecinos de las localidades próximas como los de Vega de Pas, San Roque de Riomiera, San Pedro del Romeral, Carriedo o Cayón. Lasaga Larreta compara la devoción a esta Virgen con la del Pilar en la siguiente descripción:

“El santuario de Valvanuz es, digámoslo así, la Virgen del Pilar de los pasiegos; es su ángel tutelar, a quien invocan en la prosperidad y en el infortunio, en la montaña y en el valle. Háyase asentado en el sitio más pintoresco que puede imaginarse; al salir del valle de Carriedo en dirección sudeste hay una mies de labor, mimada de las extensas montañas que marcan el límite de sus pueblos y la jurisdicción de las villas de Pas, sirviéndoles como pedestal; además de que la naturaleza ha establecido una lenta gradación en este sitio, entre la vegetación de sus campos y la completa esterilidad de las cordilleras pasiegas”.


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