| Hay autores que opinan que lo
que fue hecho en Cádiz, en realidad fue este grabado y no el retablo,
ya que hay varios grabados del mismo estilo y época que presentan
diversas Vírgenes en retablos, y ninguno coincide con el verdadero.
La tradición de reunirse en este Santuario de Nuestra Señora
de Valvanuz el día 15 de agosto viene de hace siglos. Muchos han
sido los autores que nos han relatado como transcurría este día,
entre ellos S. Córdova, que acudió a esta romería
en 1881, cuando contaba con 12 años, y hace una descripción
que nos puede dar una idea de cómo transcurría el día
allí:
“Hacia las diez llegaban
desde muy lejos los fieles romeros en carros, en caballerías y
a pie. Los pasiegos acudían con la “vela”, es decir,
un palo cilíndrico de dos metros de altura, que les servía
de tercera pierna, y con él caminaban derechos, subiendo y bajando
montes, saltando arroyos, barrancos, bardales y paredes con agilidad increíble.
Traían pantalones de pana, camisolas casi escondidas en sus dos
chalecos, y lucían en el chaleco exterior arabescos y colgantes.
Rodeaban la cabeza con un pañuelo de color, a modo de turbante,
o se tocaban con monteras casi asturianas o con sombreros que lucían
plumas o flores, y calzaban chátaras o borceguíes. Muchos
vestían pana oscura con adornos, chaqueta corta, calzón
corto con franja, botones y “hierros” a los lados, ceñidor
o faja, sandalias, un pañuelo ceñido a la cabeza o la gorra
de pelo o la montera cónica guarnecida de alas de terciopelo o
adornada con gruesas borlas de seda, singulares alpargatas terminadas
en pico y el imprescindible palo de avellano.
Pronto llegaban también las pasiegas, algunas con trajes y adornos
lindos, que compraron con sus ganancias de nodrizas en la corte de Madrid,
y las demás con lindos cuévanos y canastos, magníficamente
limpios, donde portaban al niño propio o al ofrecido, entre ropas
blanquísimas y colchas de color, que a veces terminaban con flecos.
Venían zagalejos rojos, las camisas blancas, los gregorillos de
oro y púrpura, esmaltando las escarpadas sierras y senderos o las
fértiles praderillas del valle. Sus vestidos de vuelo caían
en clásicos pliegues al airoso movimiento del andar. Lucían
collares y ajorcas sobre la piel jugosa, fresca como el fruto de las pomaradas.
Al entrar al templo para la misa mayor, los pasiegos dejaban sus palos
apoyados en las paredes del atrio, y era de ver como, al salir, los iban
cogiendo sin titubear ni confundirse, aunque pasaban de ciento. Los hombres
cantaban en el coro al unísono alguna misa popular montañesa.
Terminada la misa, salía la procesión por la pradera, a
la que asistían las pasiegas con sus cuévanos y cantaban
himnos propios, terminando con la Salve popular”.
En la actualidad, como en el pasado,
el día de Valvanuz comienza muy temprano en “la pradera”,
donde miles de personas se reúnen venidas desde todos los puntos
de la región. En el mes de Junio del año 1947, en una numerosa
concentración mariana, fue proclamada Patrona del Valle de Carriedo.
Pero es más que eso, ya que popularmente es considerada como la
Patrona de los Pasiegos, por eso el día de su fiesta no faltarán
los vecinos de las localidades próximas como los de Vega de Pas,
San Roque de Riomiera, San Pedro del Romeral, Carriedo o Cayón.
Lasaga Larreta compara la devoción a esta Virgen con la del Pilar
en la siguiente descripción:
“El santuario de Valvanuz
es, digámoslo así, la Virgen del Pilar de los pasiegos;
es su ángel tutelar, a quien invocan en la prosperidad y en el
infortunio, en la montaña y en el valle. Háyase asentado
en el sitio más pintoresco que puede imaginarse; al salir del valle
de Carriedo en dirección sudeste hay una mies de labor, mimada
de las extensas montañas que marcan el límite de sus pueblos
y la jurisdicción de las villas de Pas, sirviéndoles como
pedestal; además de que la naturaleza ha establecido una lenta
gradación en este sitio, entre la vegetación de sus campos
y la completa esterilidad de las cordilleras pasiegas”.
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