Miercoles, 23 de Abril de 2014
LOS BOLOS
2. Historia del juego de los Bolos

Aunque el juego de los bolos se ha catalogado siempre como el deporte autóctono de Cantabria por excelencia, se han manejado casi una docena de hipótesis relacionadas con su origen. Algunos se lo atribuyen a los egipcios basándose en el hallazgo de nueve vasos de alabastro, cuatro bolas, y tres cubos de mármol en una tumba de Nagara fechada unos 3.000 años antes de Cristo.
Otros sitúan su origen en Grecia, cuna de diversas prácticas relacionadas con el lanzamiento de proyectiles y con juegos de bolas mencionados en la Odisea. Lo mismo se podría pensar de Roma, heredera directa de la cultura griega y en contacto con los cántabros. Los celtas también son aludidos en varias teorías, así como los visigodos, sobre los que se tiene constancia de su afición a juegos de bolas y bolos, pero esta última conjetura resulta tan fácil de rebatir como aquella que asigna su origen a los musulmanes, ya que ambos pueblos no dejaron una herencia cultural notable en ésta región, y aunque algunos teóricos respondan que es una asimilación de un juego musulmán recogido por los marineros cántabros que colaboraron en la liberación árabe de Sevilla en 1248, y en la ruptura de las cadenas de esta ciudad, que hoy son parte del escudo de Cantabria, sigue resultando bastante improbable.
La idea más admitida apuesta por un origen germano, allí existía un juego llamado Kegel, muy practicado en los monasterios alemanes del siglo IV, como parte de un ritual religioso. Kegel se llamaba a un palo que usaban los campesinos para defenderse o realizar ejercicio. Los monjes del territorio identificaron el Kegel con el mal, e idearon un juego por el que debían derribar el Kegel apoyado sobre la pared, usando una bola de piedra. El que conseguía derribarlo habría vencido el mal, el que erraba seguiría en pecado hasta poder conseguirlo. Con el tiempo, posiblemente los propios monjes pasasen su ociosidad practicándolo y modificasen paulatinamente el juego aumentando el número de palos y lanzando bolas de madera. La introducción de este juego en la península estaría a merced de los peregrinos de Santiago de Compostela.
Cabe decir que éste juego no viene recogido en el Libro de los Juegos recopilado a finales del siglo XIII por Alfonso X El Sabio, sino que el primer momento documentado en el que se nombra será en un bando del 29 de junio del año 1627, publicado por el Ayuntamiento de Santander, siendo Alcalde don Santos Villegas, en el que se impone un castigo de 200 maravedíes al que lo practique en cualquier calle de la villa de Santander. La resolución quizá se deba estrictamente a motivos religiosos, o también se deba a que estos juegos obstruían el trasiego del transporte del puerto.
Tras este bando se empiezan a documentar más prácticas del juego. En Ampuero, en 1722 se prohíbe jugar excepto en días de fiesta y tras la misa mayor. En 1773, en Santillana del Mar, aparecen también limitaciones al juego. En Puente San Miguel, 1792, y en Quijas en 1807 se producen sendos proceso relacionados con la práctica del deporte por parte de mujeres. En 1887 se publica el Reglamento del Juego de Bolos de Puente San Miguel, con doce artículos.
El 14 de septiembre de 1919 la Federación Bolística Montañesa regula el juego de los bolos, estableciendo un proyecto que perseguía fomentar el juego, depurar las prácticas viciosas, eliminar de los resultados de los partidos el factor suerte, y procurar la unificación de las condiciones del juego en todos los pueblos de la provincia, eso sí, promoviendo el libre desarrollo del pasabolo, con el fin de preservar las distintas formas de practicarlo de cada localidad. En la zona alta del Pas-Pisueña este particularismo lo hace denominarse Bolo Pasiego. En 1970 aparece la primera reglamentación del pasabolo, con la intención de centralizar las distintas tendencias.
Ya en 1941, y tras el letargo que supuso para el juego el estallido de la Guerra Civil, se establece en Madrid la Federación Española de Bolos, y meses después se establece la cántabra.
En 1958 se pone en marcha las competiciones de liga, las peñas se irán multiplicando y se deberán establecer distintas categorías de juego.


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